Ahora que han pasado las mejores fiestas del mundo, las de San Fermín, me apetece hablar de algo que es parte de la fiesta: el chupinazo, para los que no estéis habituados a este término (aunque dudo que haya gente que no sepa lo que es) se trata del momento en el cual, desde el ayuntamiento y lanzando un cohete, dan comienzo las fiestas.
La frase que dice el encargado de lanzar el cohete es siempre la misma: “pamploneses, pamplonesas, ¡viva San Fermín!, ¡gora San Fermín!”
Hubo dos chupinazos polémicos o más que polémicos, yo diría, ridículos y que a mí me dieron vergüenza ajena.
6 de julio de 1998, ese año le tocó a Concha Fernández de Pinedo, miembro (¿o querrá que la llame “miembra”?) del PSOE. Resultó que era feminista y sólo quiso dedicarle el chupinazo a las mujeres pamplonesas así que dijo: “Pamplonesas, ¡Viva San Fermín!, Iruindarrak ¡Gora San Fermín!”
Nunca he conseguido entender que es lo que pretenden hoy en día las feministas o, mejor aún, que pretendía esta buena mujer con esto. Entiendo que antiguamente, cuando las mujeres éramos ceros a la izquierda existieran y se movieran, también entiendo que gracias a ellas las demás pudimos avanzar y hoy en día si tenemos igual de derechos es gracias a ellas pero, en serio, ¿hoy en día son necesarias?.
6 de julio de 2006, ese año le tocó a Javier Eskubi, miembro del partido político Aralar. Resultó que era ateo y lo de vitorear a un santo le debía escocer, asi que cambió la fórmula por: “pamploneses, pamplonesas", para luego decir "Gora Fermindonoaren Jaiak, Vivan las fiestas de San Fermín".
Vamos, vergüenza ajena, lo que digo. Yo también soy atea, pero hay que reconocer que estas fiestas son en honor a un santo y que este santo es católico, apostólico y romano. ¿Pretendía cambiar la tradición que lleva ya años y años?
En fin, sólo me queda por decir que tengáis las ideas que queráis, sois libres de pensar como os venga en gana, pero no las llevéis hasta el extremo y no os pongáis en evidencia como estos dos tipos.